lunes, 7 de marzo de 2011

Amparo desamparado.

1.

Eres verso, eres fuego, eres aroma
sin cuerpo ni apariencia; el desencanto;
eres viento, sudor, eres carcoma
de aquel tiempo pasado de mi llanto.

Eres tú, lo más triste de la broma;
el nombre de la furia y del espanto;
portas el desamparo con tu canto,
que hiere como lluvia al sol que asoma.

Tus letras son urgentes pesadillas
que esperan ser corrida y zancadillas
de musas para adorno del granero.

Tu abrazo es el señuelo lastimero
del mundo que se pierde mientras rotas;
tu beso es una prima y siete notas.


2.

Mis réplicas son burlas a tu estilo
de amanuense frustrado por la fama,
que inventa su ficción con fina escama
tensando la navaja por el filo.

Te cagas en tus muertos, yo te esquilo
la lana del cobarde organigrama;
no envidio tu comedia ni tu drama;
pateo primaveras; no me alquilo.

Prisionera de campos, con mi agro
predico la condena y, tras los años.
la humildad de labranza a sueldo magro,

con versos que dibujan desenagaños.
Mi carne de cañón fue tu milagro:
Cien huesos que tiraste a los extraños.

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