domingo, 6 de febrero de 2011

Asuntos eternos I

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La rabia es el Capote del Show Truman. ¿Y hasta cuando?
Los casos del revés se van como si vieran
a un Sherlock con piloto, que acaba recitando:
conductor fui en euskera.

Piloto es impermeable, gabardina, sotana.
No soy como quisieran tus ojos de aceituna,
verdinegra serpiente de una burda desgana
de ladrones de cuna.

Tus viejas adicciones, cigarros Montecristo,
el Che en motocicleta, Joaquines, Don Ramones,
dejan humo en la tierra de cubas sin condones,
y en el diario me entristo.

Ciertas revoluciones se apagan y envilecen
y el poquer de la hartura, en lánguidas sesiones,
de ases, tréboles, picas más oros, establecen
que acaban las canciones.

Ni siquiera el poema se salva del entierro,
con versos y martinis de peces de anticuario.
No hay necio más huraño que el Vizcacha de Fierro,
metido en el Acuario.

Los mal agradecidos abundan como hierbas
disfrutan el linaje diabólico del rango
de Satán y sus hijos; destilan malas yerbas
cuando bailan un tango.

Si me ponen a dieta de agua y verduritas
detrás del escritorio, mi vida es un averno.
El delivery ofrece vermú con papas fritas
para asuntos eternos.

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