miércoles, 6 de junio de 2012

Canción para Lucía Angélica

Canción para Lucía Angélica (la noche en que me traicionó con un guapo joven)








Hasta el moño, cansado
de vaivenes
la eché del dormitorio
y de propina
le mandé dos claveles
por rutina
y me quedé suspenso
en consistorio.

Maldita madrugada,
qué osadía
contuvo los zarpazos
que pensaba
propinarle a la zorra
malhablada
que insultaba a mi padre
y a mi madre.

Le solté en el silencio
de la noche
un "puta" que llegó
hasta los subsuelos
de la línea final
con que mi orgullo
trazó contra la mina
y su capullo
la línea divisoria
conque la ira
se separa del alma
y anda sola
molesta de taparle
las mentiras.

Yo la nombro a Lucía: diputada

Por ser dos veces puta y condenada
al ruedo de María Magdalena,
por honor de Satán con mi alma en pena,
yo la nombro a Lucía: diputada.

¡Qué desgaste sufrió mi bienamada!
Qué mala es la ignorancia de colmena
de abejas envidiosas. Fuego en vena:
yo la nombro a Lucía: diputada.

Por sufrir mis palabras como un hada
Campanita de Peter Pan; sin cena
ni ajuares ni fortunas de faena:
yo la nombro a Lucía: diputada.

Nunca jamás me arrepentí de nada,
de llamarla Chispita o Macarena,
José  Tomás o Jime o mi Malena:
yo la nombro a Lucía: diputada.

Los años que me quedan son la espada
de Excalibur, forjada en hierro y llena
de matices. El ruido a  estrella suena:
yo la nombro a Lucía: diputada.

sábado, 2 de julio de 2011

Sonetos metacorporales.

DOMINGOS DE SONETO EN PÚBLICO


I -


Otra vez a cantarle a mi Lucía
con el yelmo del nano entre las manos;
en la fiesta de toros y gitanos
hay ruido a comezón de lejanía.

Con Believe it or not por nombradía,
cansado de peruanas y mecanos,
me encuentro con la fuerza del arcano
que clama en el tablao de Andalucía.

Motivo de asunción de las derechas
que gobiernan el morbo de las gentes,
intento recordar algunas fechas

mas la vida me niega viejos puentes.
Los bares, las endibias, las endechas,
me saben a esta altura,  indiferentes.



I I -


Ni Gredos con Pasión ni Malos Aires,
ni muecas de perdón ni comemierdas.
Me apaño y me encomiendo a las izquierdas;
mi sino es ser cabrón de Buenos Aires.

Del amado vudú, de los desaires
que le hiciera la regla a vacas cuerdas,
que osaron apodarla gato  o cerda,
asesina, gorila  y Trabucaires.

Ni en honor de la Virgen me compongo
del dolor de las tripas. ¡qué inmundicia
canjear los abalorios de Leticia

por las piedras de Mónaco! Supongo
que nadie entenderá que mis osarios
los dejo incontestados en los diarios.